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Estaban 4 ciegos en torno a un elefante, cada uno de los cuales toca una parte distinta del elefante sin poder verlo en su totalidad y afirma que aquella parte es la verdad respecto a la constitución del elefante. Así pues, para uno el elefante es algo largo y flexible, la trompa; para otro, una masa compacta de carne, el costado; y así sucesivamente para cualquier otra percepción limitada del cuerpo del elefante.

22 panico

Esta metáfora india refleja muy bien el concepto de subjetividad, no existe una realidad verdadera, sino tantas realidades como puntos de vista pueda haber.

El error es pensar que uno posee la razón absoluta porque la realidad cambia en función del cristal con que se mire, cada persona percibe su mundo y es ciego ante el de los demás. Así como los diferentes filtros que ponemos en el objetivo de una cámara fotográfica trastocan el efecto final de una imagen, así nuestras emociones y expectativas modifican la interpretación de la realidad. 

El nacimiento de un hijo puede significar una bendición para quién lleva años intentándolo, o una mala noticia para quién no lo desea. El sonido del motor puede crear pánico a una persona aterrorizada con volar, o un momento emocionante para el pasajero que le encanta volar. Para un marido celoso una sonrisa de su mujer a un dependiente puede ser un indicio de infidelidad más que un saludo de cortesía.

La mayoría de las personas por regla general para solventar una dificultad ponemos en práctica la misma táctica o solución aunque ya no funcione, tendemos a hacer más de lo mismo porque nos sentimos familiarizados con ese tipo de conducta y a menudo tenemos dificultades para cambiarla. Así podemos caer en una trampa construida a través de estos intentos de solución porque en un principio nos ayudaron.

Las personas con ataques de pánico cuando tienen instaurado su trastorno mantienen varias conductas que alimentan su fobia, y esto lo sabemos porque si las bloquemos el trastorno remite.  

Durante un ataque de pánico se sufre una activación fisiológica generalizada muy brusca: sudoración extrema, temblores de los miembros, taquicardia, visión borrosa, percepciones distorsionadas…

Cuando la persona es llevada al hospital y se descarta patología orgánica se le informa de lo que ha sucedido: “No se está muriendo, es ansiedad, ha sufrido un ataque de pánico”. Este es un diagnóstico bastante frecuente en los servicios de urgencias, un porcentaje elevado de los ingresos en urgencias son causados por un trastorno psicológico de Ansiedad que nada tiene que ver con su apariencia de ataque cardiaco.

Esta respuesta fisiológica se inicia bruscamente ocasionando con cada ataque un miedo terrible a morirse o a perder el control y enloquecer.

Pero esta activación fisiológica, aunque nos parezca increíble, nos ha ayudado a sobrevivir desde la antigüedad porque se activa de manera espontánea en los momentos de peligro para nuestra supervivencia. Nuestro cerebro primitivo está programado para activarla y así prepararnos físicamente para luchar o huir.

La persona que sufre de ataques de pánico experimenta la sensación de morirse una y otra vez con cada ataque en situaciones no peligrosas o neutras, es decir, mientras ve un programa de televisión que le gusta, mientras hace cola en el súper, mientras plancha, de forma inesperada, por lo que es habitual anticipar el miedo y protegerse, evitando situaciones donde será difícil escapar o pidiendo directamente ayuda.

Su reacción normal durante el ataque de pánico será asustarse al creer que le está pasando algo y tratar de controlar sus sensaciones físicas intentando disminuir su ansiedad. Relajarse y calmarse es tarea imposible una vez que se ha iniciado el ataque de pánico debido a que la activación del sistema nervioso autónomo va a producir una escalada de síntomas inevitable para luego iniciar el descenso gradual. Es como una flecha que ha sido lanzada al cielo, inicia su ascenso hasta llegar a la cúspide para luego ir descendiendo.

Esta preparación frente al posible ataque de pánico, como el guerrero que anticipa un ataque del adversario, y la acciones repetidas que pone en práctica la persona durante el propio ataque alimentan este trastorno de ansiedad, generando un aumento de la frecuencia de los mismos.

El psicólogo analizará la situación para guiarle en el proceso de ruptura del problema, buscando las soluciones alternativas a través de diversas técnicas empleadas hace más de 25 años en la Terapia Breve Estratégica.

La investigación sobre miles de casos resueltos de personas con Trastornos de ataques de pánico nos indican que intentar controlar las propias reacciones es la mejor manera de amplificar las sensaciones corporales y de perder el control (G. Nardone, 1997: Miedo, pánico y fobias).

Por ejemplo, en psicoterapia usamos la técnica de la peor fantasía, que consiste en un entrenamiento gradual donde se le enseñará a amplificar los miedos para que paradójicamente se reduzcan, es como ir a la caza de los miedos, tocarlos y que desaparezcan. Es muy eficaz utilizar el miedo como recurso para superar la ansiedad.

La persona que sufre de ataques de pánico además evita aquéllas situaciones que puedan significar una dificultad en escapar si surgiera un ataque. Pueden ser lugares concurridos, grandes superficies como hipermercados, pequeños espacios como bancos, tiendas, hacer cola, ir al cine, ir en los asientos traseros del coche, montar en metro, quedarse solos con los niños etc.

Evitando aquellos lugares obtenemos la confirmación de que no somos capaces de ir, de que no estamos a la altura de las circunstancias, dañando con cada evitación nuestra autoestima.

Por último la tercera táctica frente al miedo que usa la persona con ataques de pánico que lo alimenta es pedir ayuda o hacerse acompañar si hay que exponerse. Implicando así a una tercera persona lo convertimos en cómplice de nuestro problema y nos trasmite un doble mensaje: le protejo porque le quiero, pero sobretodo porque sólo no es capaz.

Sabemos que es clave cómo actuemos tras un ataque de pánico para desarrollar el trastorno. Cualquier persona que ante una situación particular trate de disminuir o controlar sus sensaciones corporales, evite y pida protección durante 6 meses desarrollará una fobia.

¿Y que pasa con la causa de los ataques de pánico?. Es una de las preguntas más frecuentes en la primera sesión: “¿por qué me pasa?” Y siempre respondo: “mientras encontramos la causa trabajaremos en aquello que mantiene los ataques”.

Tener conocimiento de la causa de los ataques de pánico, ya sea estrés, un duelo, un accidente, no elimina los ataques. No hay personas vulnerables, sino personas que no saben manejar el estrés o maneras de actuar que hacen persistir el trastorno.

A lo largo del proceso terapéutico se le adiestrará a manejar sus ataques de pánico gracias a estratagemas terapéuticas bien planeadas. Además aprenderá a exponerse gradualmente a las situaciones de miedo y consolidar el cambio a través de la adquisición de nuevas actitudes favoreciendo un estilo de vida más saludable.

Los que continuamente preguntan “¿por qué?” son como los turistas que, ante un monumento, leen la guía, y precisamente la lectura de la historia de su origen, etc… etc… les impide ver el monumento.

LUDWIG WITTGENSTEIN.

 

*Puede interesarle leer los libros de Giorgio Nardone: No hay noche que no vea el día. La terapia breve para los ataques de pánico (2004). Y Surcar el mar sin que el cielo lo sepa (2009).

 

 

 

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